Veronik se inició en la música a los 13 años, estudiando flauta traversa en el conservatorio de París. A su regreso a Lima, mientras estudiaba comunicaciones, formó Valium, una banda de chicas rockeras de fuerte presencia en la escena limeña que incluso grabó un comercial de Pepsi para Honduras (¡!). Tras la disolución de Valium en el 2008 Veronik formó Fuzz junto a Daniel Willis (Dmente común).
Actualmente colabora con el grupo de rock instrumental Los Protones tocando el theremin a la vez que forma parte de Don Juan Matus, proyecto de rock psicodélico liderado por Richard Nossar.
El año pasado finalmente vio la luz su primer disco “Veronik y lo gatos eléctricos”, compuesto por nueve temas en los que predomina el rock y el pop, con un sonido (como anota el crítico musical Raúl Cachay) en el que se percibe el “ascendiente de la incierta y fascinante década de los 90s”.
Sobre este lanzamiento y otras cosas conversamos con ella.
LL: Veronik, el disco que sacaste el año pasado tuvo muy buena recepción en cuanto a crítica. ¿Cuál ha sido la recepción del público? ¿Sientes que te ha permitido ampliar el público que venía siguiéndote? ¿Cómo has abordado la parte de promoción del disco?
Veronik: La acogida del público ha sido bastante buena, pero creo que eso no solo tiene que ver con que el disco haya salido finalmente, sino también con la banda que conforma Los Gatos Eléctricos actualmente. El disco lo trabajé como un colectivo de artistas bajo mi dirección, y como asumí sola la producción de mi propio proyecto me demoré varios años, eso de cierta forma me ayudó a marcar un sesgo entre lo que hago actualmente y lo que hice en mis épocas con Valium. Sin embargo la banda actual es lo que creo engancha al público cuando tocamos el disco en formato eléctrico, porque la química que tenemos es realmente de una banda de rock que vive cada canción y lo transmite en el escenario.
De cierta forma el público lo he sentido más amplio y abierto que el que solía ver en los conciertos de Valium, y eso creo que pasa también porque el rollo con las canciones es distinto, y obedece mucho menos a ese cliché de adolescente rebelde que siempre envuelve los primeros intentos de juventud, y admito haber pasado por ahí.
LL: ¿Y cómo evalúas tu evolución desde Valium hasta hoy, en cuanto a la composición musical y los temas que abordas? A pesar de ser un disco donde las letras en su mayoría hablan de amor hay una crudeza en el sonido, cero artificios… tu sensibilidad es siempre muy rock `n roll.
V.: Pues sí, desfilan el amor, las preguntas existenciales, las ideas fijas, fantasías y demás obsesiones. Fueron canciones escritas a lo largo de varios años, pero que finalmente recopilé como en guión imaginario donde la protagonista es una especie de representación de mí misma en una época. Y bueno, la música tiene que ir acorde con la letra y a la vez con mis gustos naturales. Lo primero que me importa a la hora de escribir un tema es la sinceridad. Si la letra o la canción en sí no me cuadra o no me siento cómoda, entonces para mí no va, y ése es mi primer filtro.
LL: Hablando de Valium y la rebeldía adolescente, cuéntanos un poco de esa experiencia. Tocar con un grupo de chicas en una banda rock-metal-punk y mandar al diablo a los “pajeros” que molestan a las mujeres en la calle, tocar en Quilca y en el centro con las bandas punks debe haber sido muy divertido. Pocas chicas en Lima han alternado en esa escena casi totalmente masculina (sólo ustedes, Área 7, Sandra Requena de Metadona…)
V.: Valium empezó efectivamente como una alucinada de chicas. Estaba en la universidad y con una amiga que escuchaba música fuerte se nos metió la idea de que si había tanto mamarracho tocando por ahí, nosotras podíamos patear cerebros haciendo una banda de chicas achoradas. Queríamos provocar a la gente, generar polémica con eso de ser mujeres cuando no había ni un solo grupo de chicas en ese entonces. Mi amiga finalmente abandonó el proyecto ni bien se tuvo que enfrentar con unas clases básicas de guitarra, entonces quedé yo con la idea, y empecé a buscar gente por otro lado y fue así que empecé los ensayos con Mónica, con quien fundé Valium. Escribí el tema “Muñeca ” cuando tenía 18 años, y ya cuando tocábamos en el 2003, el tema tuvo el éxito esperado porque hablaba de una chibola que se vuelve paranoica cada vez que sale de su casa por culpa de los mañosos que no paran de fastidiarla.
LL: ¿Recuerdas alguna anécdota o sensación de esos conciertos… de alternar con la gente hardcore punk?
V.: Fue una irrupción interesante en su momento. Te confieso que a mí nunca me ha gustado el hardcore, así que siempre me tomé lo de los conciertos por el lado de compartir escenario con la mayor variedad de músicos posible. De hecho recuerdo mucho los conciertos donde la gente hacía cola por los autógrafos y las fotos con la banda, sobre todo en los conos, pero también recuerdo los conciertos como uno en La Noche de Lima donde un borracho se puso a escupirnos y Sara terminó metiéndole un puntapié en la cara por faltoso.
LL: ¿Y cómo ves la escena en la que te desenvuelves ahora? Además de tu proyecto tocas con Los Protones y Don Juan Matus… Me parece que hay mayor profesionalismo, o un mayor cuidado de los mismos músicos en la calidad de su sonido.
V.: Actualmente estoy en una etapa musical completamente distinta a cuando formé Valium. Entonces tenía 18 y quería llamar la atención, no tenía idea de cómo funcionaba una guitarra eléctrica, y ni bien aprendí algo de acordes me puse a hacer canciones. En el 2007, cuando hago la maqueta de lo que sería mi disco solista, ya pensaba de un modo distinto y la práctica me había hecho enfrentarme a muchas cosas. Decidí ver a la música de manera profesional, y me puse a aprender el oficio de hacer canciones y producirlas. Por ello en el 2008 acepté con mucho entusiasmo las invitaciones de Los Protones cuando recién estaba empezando a tocar el theremin y grabé algunos arreglos para su primer disco, fue un reto para mí. Con Don Juan Matus empecé como sesionista, tocando flauta traversa en un tema de su segundo LP, y terminé siendo invitada a formar parte del grupo. Ahora compongo, toco el theremin, la guitarra, y voces.
La escena actual es cada vez más variada, y en ese sentido espero que pronto podamos ver eventos grandes con artistas locales de géneros diversos. Creo que todo apunta a valorar las propuestas frescas.
LL: Al ver a un músico tocar el theremin el público tiene la sensación de estar presenciando un acto mágico de manipulación de ondas, su ejecución tiene algo de místico y de ciencia ficción en los movimientos… ¿crees que esta aura tuvo que ver con tu acercamiento a él?
V.: Quise creer eso cuando nos conocimos (risas). Por más que haya una explicación científica, yo tengo la opinión de que es una atracción mágica, quizás magnética, que hace que uno pueda o no conectar con este instrumento tan peculiar. Recuerdo que en el 2008 me encerraba en mi cuarto a practicar horas. Se creaba un ambiente muy extraño en la casa, donde vivía con varios amigos. Pero sí hay un nivel de abstracción muy fuerte cuando uno practica o toca, una concentración tan fuerte es requerida que de hecho pienso que implica elevarse a otra esfera. Es un acto mental o, por ratos, casi espiritual; esto último cuando uno interpreta una melodía, por ejemplo.
LL: Dentro del pop y rock del disco hay un tema muy hermoso, de corte andino… ¿cómo así decidiste incluirlo? El título: “A mí no me asusta la verdad” ¿tiene alguna referencia política?
V.: Ah, ese tema “A mí no me asusta la verdad” es una cosa extraña. Apareció solo, de la nada, literalmente. Creo que ya debía tener la mitad del disco compuesta, pero alguien dejó mi guitarra con una afinación distinta, y me animé a probarla y lo primero que salió fue ese tema. La guitarra me condujo a esos acordes, y sí, tiene ese matiz andino, pero ha sido algo natural, involuntario. Y sobre el título, el título original es “A mí no me asusta la verdad, lo que me da mucho miedo es que tú no me la digas”.
LL: Es muy bueno.
V.: Como es un poco largo para el formato pop-rock que finalmente adquirió el disco, a la larga se acortó. Habla sobre esa sensación de angustia que se genera cuando uno presiente que le están ocultando la verdad; sobre todo si se trata de una verdad de vital importancia en aquel momento.
LL: Bueno, de alguna forma eso tiene una connotación política, y romántica también.
V.: Sí, es aplicable a muchas cosas, de ahí que no me oponga a una interpretación más politizada del asunto. El tinte andino permite aplicarlo además a temas de actualidad. Es un tema idealista y melancólico.
LL: ¿Qué estás escuchando estos días de verano?
V.: Lo último que ha llegado a mis manos es el disco de Alejandro y María Laura, es una propuesta muy fresca que me ha gustado ver en vivo. Me encanta escénicamente, y el trabajo de arreglos para dúo me ha encantado. Y La Lá también me gustó de lo nuevo que he oído, aunque no tengo su disco.
LUGAR FAVORITO DE LIMA: Por ahora tengo una fijación con mi jardín. Si tuviera nuevamente 15 años elegiría dedicarme a la botánica. Siempre y cuando haya gatos cerca.
Para escuchar algunos temas del disco visita http://www.myspace.com/veronikylosgatoselectricos
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